domingo, diciembre 07, 2008
Verdaderos reyes del rock (VII)
lunes, octubre 20, 2008
Escritoras Mexicanas Contemporáneas [3]: Ana García Bergua
Qué libertad, qué dicha, abandonar la estufa y el mandil, las caras acostumbradas a los mismos gestos y las mismas ensaladas en la misma mesa, arreglarse un poco, comer afuera. Desde el puesto más humilde de garnachas, hasta el restaurante más elegante, pasando por fondas y taquerías, sushis y hamburguesas, qué jolgorio de platos y de olores, qué atracción. Sale uno a comer en cualquier día y la calle se enfiesta: la gente forma multitudes pequeñas, a la vez compactas y respetuosas, alrededor de las carnitas; las fondas hierven de burócratas con la corbata echada para atrás, los Vips reparten sus especiales tan poco especiales y hasta los sitios caros tienen su clientela afanosa de mediodía: clientela de negocios, de amigos que se cuentan vidas oficinescas al calor de un vino, señoras que fueron, vinieron o pasaron por un club. Mediodía y todo el mundo sale de buscar el pan en su triste oficina para encontrar su pan con mantequilla o salsa en una lonchería, su maná del cielo citadino, jolgorio y consuelo de los hambrientos. Los ojos frente a la sopa descansan por fin, dejan de mirar afanes y congojas por ver al otro comensal, llamar a la señorita, seguir el curioso ritual de la sopa aguada, la sopa seca y esa comida corrida en la que hasta el arroz con leche del final parece otra variedad de sopa. Y que la salsa de chile pasilla nos acompañe en la camisa o en la falda hasta el final de los tiempos, amén.
Al mediodía los trabajos y las riñas se interrumpen; mal que bien, alguien nos dijo que nos ganamos un respiro. En medio del tráfico de madres que recogen a los niños de las escuelas –muchos niños comen en los coches, de camino a lo que les hayan inventado para llenarles la tarde– y la gente que menta madres para regresar a comer a casa, por la calle transcurre un rato de pequeño asueto, una vacación limitada pero encantadora, como el gato que imita al tigre. En esa fiesta los taqueros son el rey: desde los que parados en un tablón reparten la barbacoa o el chicharrón en platitos de plástico colorido, hasta los que ofician en los grandes fogones de las taquerías con mesas y agua de jamaica, tamarindo u horchata; pocas personas –quizá sólo los cantantes– concitan tales multitudes voluntarias a su alrededor. Nuestros taqueros (Dios los tenga en su santa gloria) son artistas, magos o maestros danzantes: aquel que en las esquinas reparte los tibios tacos de la canasta como un raro tesoro, o bien ése que en la parrilla pica, corta, combina y ensambla sus muchas creaciones, para no hablar del Houdini que hace que llueva el cilantro y se suspenda por un instante mágico el trocito de piña sobre el taco al pastor.
Es hora de comer, y mi barrio no parece esperar otra cosa que gente con hambre: un mole, un huauzontle, unas simples enchiladas, unos pescaditos del mercado, las portátiles tortas que todo contienen, por no hablar de tantos y tan delirantes helados. Salgo de la casa y hay gente comiendo en el restaurante de la esquina, con sus mesas que invaden la banqueta; los manteles blancos que las copas de vino mancharán y las carnes chisporroteantes sobre las tablas parecen decir: ¿cuál crisis?, más bien ¿cuándo vamos a comer al italiano? Es lo contrario de la cacería, de correr tras el animal y luego despellejarlo y destazarlo y cocinarlo lento o rápido en fogón propio; es, más bien, el colmo de la civilización: salir a estirar el plato, pago mediante, y un mesero, tarde o temprano, proveerá. Un mesero que es como todos nuestros deseos: alto, formal y bien vestido, y toma nota con rapidez pero sin confundir los platos, y sabe de qué lado debe servir qué cosa, y cuándo se termina la conversación y empieza la masticación. Incluso, pienso, los muchos maleantes que ahora pululan deberán descansar un minuto de pensar en perversidades para embucharse su sirloin o su arrachera en un restaurante norteño, rodeados de meseros temblorosos. Y hasta los malos de poca monta ingieren su sopa de coditos. También los políticos, según me han dicho, comen, y en buen restaurante: especialmente los señores diputados.
Rara es la realidad: las cosas que leemos, que sabemos que pasan, el dinero que no alcanza, los trabajos que no están o el miedo que todos sentimos, cada vez más. Pero da mucho miedo pensar en que esta fiesta del mediodía se desvanezca, pues sólo algo muy terrible podría interrumpirla y escondernos a todos en nuestras casas. Pero mientras, todavía cae maná de los edificios: es hora de comer en la calle.
domingo, octubre 19, 2008
Escritoras Mexicanas Contemporáneas [2]: Edith Villanueva Siles
Consideré que visitar una biblioteca en Brooklyn me pondría a salvo de la carencia de información y de la ignorancia en la que estaba inmersa. Al abrir la puerta pude oír el barullo de la gente, tal cual si fuera una romería. Dicha algarabía se debía a la larga espera, treinta minutos, para poder usar una computadora. La mayoría de las personas que estaban allí tenían ese particular gesto que la demora deja en el rostro.
Caminé entre los pasillos hasta encontrar la sección en español, unos quinientos libros aproximadamente, cantidad muy limitada para una biblioteca que se encuentra en el barrio latino. Cuando vi que en uno de los estantes, semejante a los que ponen en los supermercados junto a las cajas registradoras, estaba la colección completa de El libro vaquero, Semanal, Sentimental, Jazmín y Julia, sentí exactamente lo que dice la definición de electricidad en el diccionario: propiedad fundamental de la materia que se manifiesta por la atracción o repulsión entre sus partes, originada por la existencia de electrones con carga negativa, o protones, con carga positiva.
Me detuve un rato y respiré profundamente para reponerme del choque entre protones y neutrones; sin embargo mi mente reaccionó de inmediato haciéndome esta pregunta: ¿choque de qué? Si a los hispanos nos encantan este tipo de novelas, Estados Unidos no puede tener la culpa también de esto, no podemos hacerlo responsable de los “libros” que adquiere el programa de bibliotecas, específicamente el del barrio mencionado y sus alrededores; por el contrario, debería sentirme complacida de estar tan cerca de mi pueblo, de mi gente y de mis raíces literarias, los bibliotecarios no tienen la culpa de su incultura.
A ver, para qué necesitamos a Hamlet o a Sueño de una noche de verano si a cambio tenemos a Huele a peligro y Mi padre es mi rival, ni qué decir de Rulfo y Cervantes si podemos disfrutar de DF el nuevo Chicago, sin mencionar a El coronel no tiene quién le escriba contra Ángel protector y a La Regenta o Madame Bovary, si para eso está la colección completa de Bianca, Julia y Jazmín.
¿Quién va a extrañar a la Woolf, a la Duras o a la Yourcenar y no se diga de la Nin, si tenemos la historia de Mari Boquitas y al padre protector de Cuauhtémoc Sánchez, sin mencionar todas las sopas, guisados y calditos de pollo para el alma? ¿Quién necesita a Dostoievsky, Joyce, James, Neruda, Paz, Vila Matas, Ruiz Sánchez, Kipling y Conrad?
Será que a nuestros vecinos les interesa que sigamos leyendo novelas del corazón, o es que se nos olvidó incluir en nuestro sueño americano la literatura de calidad y le hemos dado más importancia a la tecnología y a lo artículos copia Channel.
sábado, octubre 18, 2008
Escritoras Mexicanas Contemporáneas [1]: Leticia Martínez Gallegos
Las cortinas se abren y sobre la duela gastada aparece el mago. Juega un par de suertes a la vista del público que, ansioso, espera más intensidad. Hasta ahora, él no ha necesitado ayuda; solo, permanece en el centro del escenario donde los trucos sobreviven sin problema. Minutos. Un ayudante aparece empujando la tradicional caja de madera. Luces, música, aplausos, todo se desvanece, se diluye poco a poco mientras el mago abre las puertas de la caja. Melodía árabe, destellos multicolores y una muchacha saliendo despacio del encierro. Movimientos de cadera en redondo, las palmas de las manos juntas jalando su cuerpo hacia arriba, sin prisa, se muestra completa. Luego de varios giros, su espalda queda al público y la pequeña blusa de lentejuela encuentra el reflejo del rostro fragmentado de Mauricio. Desde ese lugar donde ocupa un asiento más entre el público, el maduro hombre se truena los dedos, saliva, aprieta las manos haciendo puños, suda. La muchacha remata la espectacular salida con un beso en la boca para el mago. PAUSE. En la mente de Mauricio ese momento se paraliza sin remedio. Cuando regresa al tiempo real de la situación, ya todo pasó: FF la muchacha regresó a la caja, el mago cerró las puertas, el ayudante le entregó el serrucho, el mago serruchó la caja por la mitad y mostró al público la constancia de un cuerpo dividido en dos. PLAY. Mauricio mira con obsesión cómo el mago abre de nuevo las puertas y la muchacha da un salto mostrando su curvilíneo cuerpo completo. Aplausos. El mago la toma de una mano y la gira un par de veces como muñeca de caja musical. El acto termina con otro beso mágico. ¡Cuántos besos!, maldita sea. Las cortinas de terciopelo guinda caen y el público sale.
- Un cuento de Leticia Martínez Gallegos publicado originalmente en La Jornada Semanal el 27 de julio de 2008.
sábado, junio 28, 2008
viernes, junio 27, 2008
Monsiváis sobre el narcotráfico en México y el "Plan Mérida"
BBC: Si uno no fuera mexicano, ¿cómo tendría que ver o cómo podría explicarse la realidad política que vive México?
Monsiváis: Si uno fuera mexicano, cual es mi caso, ¿cómo podría explicarme lo que no entiendo o lo que no me explico? La realidad política mexicana se me escapa porque elementos muy diversos confluyen y no logro jerarquizarlos.
Lo primero es la inercia que dejó el PRI. Setenta y un años de un autoritarismo monolítico, ramplón, con grandes zonas de corrupción (no digo que todos los priistas fueron corruptos, desde luego que no, pero que el PRI se asentaba en la corrupción desde luego que sí), con elementos represivos de distintos niveles, con oportunidad hasta cierto momento de movilidad social, con una tendencia secularizadora. Todo eso es una carga inercial fuerte.
En segundo lugar, y te digo sin que haya orden jerárquico, ante la idea de que ya que el empleo se vuelve una especie en extinción Estados Unidos se convierte en una tierra promisoria, y la migración alcanza niveles idílicos.
Aunque se sepa -y con detalle- del racismo, de las dificultades, de los hostigamientos, etcétera, se supera todo eso porque se piensa que detrás está el empleo, un empleo que permitirá en esta versión del imaginario la construcción de una familia y las ventajas para los hijos.
En tercer lugar, hay una atomización de la política que ha llegado a enormes niveles de desprestigio, casi todos muy justificados, y que alcanza a casi todos los partidos políticos.
En cuarto lugar, la emergencia de una derecha bastante cerrada, muy atrasada y decidida a recuperar lo que perdió en las guerras de la reforma liberal y a hacerse justicia por propio saqueo.
Y en quinto lugar una izquierda que social y culturalmente es de lo más significativo que hay y que políticamente es un atraso.
Ésos son algunos de los elementos. A esto hay que agregar las dificultades con que la globalización procede y el enfrentamiento a la desigualdad.
Si quieres un rasgo definitivo, esencial, es la desigualdad. No se puede avanzar parejamente ni mucho menos, y aunque ningún país ha conseguido eso, tanta desigualdad sí hace que el avance que se ve, que puede ser verificado, se vaya volviendo polvoso o se vaya desvaneciendo con gran frecuencia, porque no puede ser que una minoría progrese y una mayoría se sumerja.
No hay tal cosa como el avance parcial o sectorial en un país de las condiciones de México y con la vecindad de Estados Unidos.
¿Y el narcotráfico?
No lo mencioné por un acto esquivo de la memoria, que a veces no quiere sumergirse en la depresión.
El narcotráfico es la pesadilla mayor. No sólo involucra a una parte muy significativa de la población sino que, gracias a la introducción masiva de armas al país, el narcotráfico ha conseguido una situación espasmódica de violencia aquí sí parejamente.
El narcotráfico ha marcado el descenso de la nunca muy apreciada consideración por la vida humana. El narcotráfico ha dado las grandes señales de crueldad realmente sobrecogedora y en Youtube se han visto ejemplos que dan idea de cómo el horror puede ir todavía más a fondo.
El narcotráfico ha corrompido no sólo a grandes sectores policíacos sino a la idea que se tiene de la policía: ya es una idea corrupta de la policía corrupta.
El narcotráfico ha vulnerado a muchas instituciones, ha depreciado el valor de las fuerzas de seguridad pública, ha construido otra frontera muy a su arbitrio, y ha convertido en anécdota pintoresca (debido en gran parte al estupor con que se le contempla) la sucesión de escenas de horror.
¿Entonces habría que ver con buenos ojos -o cuando menos darle el beneficio de la duda- al Plan México o la Iniciativa de Mérida?
Así como se ha presentado, no veo yo la óptica bondadosa que se aplique. Ya en principio no ponerle Plan México para que no cargue el desprestigio del Plan Colombia es un juego semántico bastante pobre.
Pero aquí lo básico es que se presenta como un acto de caridad que espera la resurrección de la ética del país vecino.
Dar dinero para que se levante la moral, un "Lázaro levántate y anda" de una moral que se piensa aplastada por el narcotráfico, me parece lamentable.
Y me parece lamentable también que no se explica. Ese dinero que se le da al ejército, cómo se va a repartir, hasta qué punto las armas son necesarias, cuál es el nivel de enfrentamiento, no lo veo con claridad.
Porque además los grupos en abierto enfrentamiento son grupos muy pequeños, por fortuna.
Han hecho mucho daño y son para mi gusto muy siniestros en la medida en que no tienen programa, no tienen proyecto, actúan con acciones terroristas que a todos nos perjudican, y se mueven bajo el amparo de siglas a las que no les atribuyo ningún sentido.
EPR, Ejército Popular Revolucionario, ¿qué quiere decir?, no tengo la menor idea. Tengo idea de que hay restos de movimientos guerrilleros, pero en este momento qué quiere decir todo eso no sé.
El narcotráfico además le ha dado a toda la violencia un carácter tan sombrío -de por sí tiene, pero el no saber de dónde viene la violencia y hacia dónde va, el ver que gran parte del destino del país está envuelto en un torbellino de espectros no es buena noticia.
México cambió, pero no como se esperaba...
Sigue cambiando, y no como se esperaba y sí como se esperaba.
Desde el punto de vista de las profecías del acabose está cambiando como se esperaba.
Desde el punto de vista de la transición a la democracia, si queremos usar un epitafio como fórmula de bienaventuranza, no, desde luego que no.
Pero me fui por lo que llamaban antes los cerros de Úbeda.
Cuando me preguntas qué pasa con lo del Plan Mérida, yo creo que mientras no se explique, mientras no se razone debidamente cuál es el sentido de la ayuda y de qué modo se va a concretar en acciones que efectivamente detengan el trasiego de la droga, lo que vamos a ver es una ayuda tan rodeada de sospechas que se va a volver una suerte de novela policíaca.
viernes, junio 20, 2008
Se publica estudio científico sobre experiencias de pacientes al borde de la muerte
(El libro en cuestión) es una publicación académica escrita por una enfermera que tomó 10 años de investigación y está dirigida a estudiantes de medicina y bibliotecas universitarias. El libro cuenta las experiencias de pacientes que sufrieron infartos y estuvieron al borde de la muerte. Los individuos hablan de circunstancias en las que se vieron fuera de su cuerpo, o de un túnel que los conducía a una luz brillante donde se reunían con sus seres queridos.
En 1998 Penny Sartori, enfermera de terapia intensiva de los hospitales galeses de Singleton y Morriston, se dio cuenta de que había muy pocos datos de referencia disponibles para enfermeras y trabajadores de salud sobre este tipo de experiencias. Fue por eso que en 1998, tras obtener aprobación ética, decidió investigar lo que ocurre cuando un paciente tiene una experiencia cercana a la muerte o ECM.
Recuerdos
Sartori siguió los casos y entrevistó a unos 300 pacientes en las unidades de terapia intensiva y obtuvo 15 narraciones completas sobre este tipo de experiencias. El resultado es el libro "Experiencias Cercanas a la Muerte de Pacientes Hospitalizados en Terapia Intensiva. Un Estudio Clínico de Cinco Años".
"Llevé a cabo el estudio con una amplia variedad de pacientes en terapia intensiva, incluidos los que estaban muy enfermos pero no cerca de la muerte", dice Penny Sartori. "Obtuve los mejores resultados cuando estudié a pacientes de infarto que estuvieron al borde de la muerte".
"Al final 15 pacientes pudieron narrar sus experiencias cercanas a la muerte y descubrí que habían experimentado situaciones comunes", agrega. Sartori encontró que la gente que pasaba una ECM se veía "flotando sobre sí misma y que el techo se había disuelto".
"Los pacientes también fueron capaces de recordar con precisión lo que había ocurrido en la sala, a pesar de haber estado inconsciente y de haber tenido los ojos cerrados". Los individuos, dice Sartori, contaron asimismo que se veían viajando por un túnel hacia una luz brillante.
Algunos dijeron haberse reunido con una figura que les decía que "su tiempo no había llegado todavía" y otros se habían reunido con parientes muertos y se habían comunicado con ellos por telepatía. "Ciertos pacientes informaron que vieron toda su vida proyectada en un instante", afirma.
La autora explica que muchas de las experiencias cercanas a la muerte por lo general pueden explicarse por el efecto de las endorfinas (sustancias químicos que libera el organismo como respuesta a la ansiedad o el dolor), los niveles anormales de gases sanguíneos, o los bajos niveles de oxigeno. Sartori, sin embargo, midió estos tres factores y los tomó en cuenta cuando llevó a cabo el análisis de los informes de los pacientes.
Al final de estas ECM algunos pacientes contaron que flotaron de regreso a su cuerpo, y otros sintieron como si despertaran súbitamente.
Conciencia
Según la investigadora a pesar de que sólo 15 pacientes lograron describir sus experiencias cercanas a la muerte, cree que éstas son mucho más comunes. Sin embargo, para algunos enfermos es más difícil recordar el evento después de un episodio tan grave y de haber estado inconsciente.
"Es como cuando olvidamos un sueño al despertar", dice la autora.
Penny Sartori intenta ahora continuar investigando sobre el fenómeno de ECM y lo que ocurre con estos pacientes. "No creo que se trate simplemente de que existe vida después de la muerte", afirma la autora. "Más bien se trata de lo que es la conciencia y la forma como la definimos".
La ciencia define a la conciencia como un subproducto del cerebro, pero como señala Sartori, quizás estamos rodeados por la conciencia y el cerebro, en lugar de controlarla, es sólo un mediador o una antena.
"Es un tema fascinante -afirma la investigadora- y es muy emocionante poder seguir investigándolo".
La publicación tiene un costo de US$170.
- Tomado de BBC Mundo en Español.
