viernes, noviembre 26, 2004

Héroes ocultos del Jazz (1): ERNIE HENRY

“Estoy en la oficina escuchando la rola Brilliant Corners de Monk y esperando ansiosa pero contemplativamente a que den las 8 u 8.15 para que me lance a mi clase de yoga…En este momento solea un saxofonista alto que toca en el disco Brilliant corners cuyos solos a veces me gustan más que los que grabó Sonny Rollins en ese disco. Están como que más pachecos, más insolentes, más gospel, más infantilmente caprichudos, en fin. Lo curioso es que nunca logro recordar el nombre de este sax alto… −Fragmento de una carta de Gerardo a Santiago, octubre de 2004

Con esta nota inauguramos una sección bloguística dedicada, como reza su título, a algunos músicos de jazz excepcionales que por azares del destino no lograron la fama o fortuna que merecían, y que son un verdadero manjar para el aficionado ávido de sabores y sonidos nuevos y tremendamente individuales.

Empezaremos hoy con el saxofonista alto de los 50’s Ernie Henry. Mi primer contacto con su música fue a través del ya mencionado disco de Thelonious Monk Brilliant Corners, el cual en mi opinión es el mejor disco de la célebre carrera de don Telonio Esfera. Basta sólo ver la alineación del disco −una majestuosa sección rítmica formada por Thelonious al piano, Paul Chambers en el contrabajo y Max Roach en la batería; acompañados por Sonny Rollins al tenor, el mencionado Ernie Henry al sax alto, y el inigualable Clark Terry a la trompeta en la monkiana pieza Bemsha swing− para lanzar gritos y exclamaciones de admiración. De alguna forma u otra, todos los músicos de ese disco fueron súper estrellas del jazz y cada uno en su respectivo instrumento, con la muy notable excepción de Henry. ¿Qué motivó a Thelonious para incluirlo como solista en esta sesión? Sólo hay que escuchar el disco para entenderlo.

El estilo de Henry es completamente diferente al de Sonny Rollins, e incluso diferente al de la mayoría de los saxofonistas altos posteriores a Charlie Parker. El único músico con el cual puedo compararlo, y esto no debe causar miedo alguno, es ni más ni menos que con el grandísimo Eric Dolphy. Así de cabrón. Ernie Henry fue quizás el único predecesor del sonido que Dolphy lograría en los 60’s en su sax alto −de la misma forma que el sorprendente Omer Simeon fue predecesor en los alegres 20’s del trabajo de Dolphy al clarinete bajo, y el fenomenal Sahib Shihab precedió en la flauta sobresoplada a Dolphy desde inicios de los 50’s. Aunque quizás sea válido, también, nombrar al genial Dexter Gordon como influencia de Henry, por las exclamaciones incoherentes (incoherencia: “falta de conexión en las cosas que se dicen o hacen; absurdo, hecho o dicho sin sentido”. Diccionario Espasa dixit) con las que Dexter salpicaba y coronaba sus mejores solos.

Los solos de Henry son, como dice el autoepígrafe de la presente nota, muy embriagantes, muy insolentes, muy gospel, muy infantilmente caprichosos y desenvueltos. Jazz verdadero y de la mejor calidad, en resumen. Fue una verdadera lástima histórica que muriera a la corta y triste edad de 31 años. Sólo podemos esperar que gente caída del cielo como los que preparan las bellísimas y completísimas reediciones de Mosaic Records, JSP Records o Proper Records tomen nota y compilen un disco que podría titularse “The Complete Riverside Recordings of Ernie Henry”. Sería un gran tributo para la memoria de este gran saxofonista alto. Como conclusión, me permito citar un comentario de Thelonious Monk sobre Henry, con toda la simpleza y profundo significado que conlleva el haber provenido de quien provino: “Ernie Henry can play”.

DISCOGRAFÍA RECOMENDADA DE ERNIE HENRY:

Thelonious Monk: Brilliant corners (1956, Riverside, y luego Original Jazz Classics)
Ernie Henry: Presenting Ernie Henry (1956, originalmente en Riverside, reeditado en cd por Fantasy /Original Jazz Classics)
Ernie Henry: Last chorus (1956-1957, Riverside, y luego Fantasy /Original Jazz Classics)
Ernie Henry: Seven standards and a blues (1957, Riverside, y luego Fantasy /Original Jazz Classics)

miércoles, noviembre 24, 2004

Poemas de e.e. cummings

Para mi novia Shelley, tú nuevamente.

Mi amiga Colleen Brown de California me pidió que le localizara algunos poemas para leer en una boda. De todas las opciones que le envié (algunas traducciones de Neruda, Kahlil Gibrán, etc.) estos son los mejores, en mi opinión. Ambos reflejan el tremendo romanticismo, juguetón y filosófico al mismo tiempo, que embriagaba a uno de los más grandes poetas estadounidenses de este siglo. También pienso que cummings es especialmente difícil de traducir, así que he preferido poner los textos originales. Si alguien lo recuerda -mi estimadísimo Santiago no me dejará mentir en este respecto, el segundo poema tiene una función muy particular en la película "Crimes and misdemeanors", de ese otro gran genio llamado Woody Allen (cuando Michael Caine seduce a su cuñada al comprarle el libro). cummings, damas y caballeros.

* * * * *

"i carry your heart with me"

i carry your heart with me(i carry it in
my heart)i am never without it(anywhere
i go you go,my dear;and whatever is done
by only me is your doing,my darling)
i fear
no fate(for you are my fate,my sweet)i want
no world(for beautiful you are my world,my true)
and it's you are whatever a moon has always meant
and whatever a sun will always sing is you

here is the deepest secret nobody knows
(here is the root of the root and the bud of the bud
and the sky of the sky of a tree called life;which grows
higher than soul can hope or mind can hide)
and this is the wonder that's keeping the stars apart

i carry your heart(i carry it in my heart)

* * * * *

"somewhere i have never travelled"

somewhere i have never travelled,gladly beyond
any experience,your eyes have their silence:
in your most frail gesture are things which enclose me,
or which i cannot touch because they are too near

your slightest look easily will unclose me
though i have closed myself as fingers,
you open always petal by petal myself as Spring opens
(touching skilfully,mysteriously) her first rose

or if your wish be to close me,i and
my life will shut very beautifully, suddenly,
as when the heart of this flower imagines
the snow carefully everywhere descending;

nothing which we are to perceive in this world equals
the power of your intense fragility: whose texture
compels me with the color of its countries,
rendering death and forever with each breathing

(i do not know what it is about you that closes
and opens; only something in me understands
the voice of your eyes is deeper than all roses)
nobody,not even the rain, has such small hands

* * * * *

martes, noviembre 23, 2004

Alerta: ¡Hay que escuchar a Maria Rita!

Debo empezar aclarando que el tono sensacionalista de este post se debe a una todopoderosa cruda de la cual me estoy recuperando apenas a las 11:26 de la mañana. Pinche dos por uno en jarras y alitas barbecue, es pariente del diablo...En todo caso, el propósito de este post es declarar mi admiración por la cantante brasileña Maria Rita. Algo de background: la madre de Maria Rita Mariano fue la celebérrima diva Elis Regina, la que en opinión del muy docto cuate Mario Helguera sigue siendo la mejor cantante brasileña de todos los tiempos, y su padre es César Camargo Mariano, quien fue músico y arreglista de Elis y quien después de la trágica muerte de ésta logró una exitosa carrera como solista. Pero no limitándonos al código genético, Maria Rita ha hecho uno de los mejores discos no-jazz que ha escuchado un servidor en los últimos meses. Así que Norah Jones, Björk y el proyecto solista de la cantante de Portishead ya tienen una rival de buen tamaño. Y latinoamericana, para nuestro orgullo. Recomiendo especialmente su disco de 2003 titulado "Maria Rita". Con este disco pasa algo muy curioso: ¡literalmente a todo el mundo le gusta! Tanto a verdaderos snobs de la música como yo y mis amigos cercanos, como a compañeros de trabajo y familiares diversos, un pequeño rato de exposición al disco provoca sonrisas y en general un mejor ambiente. Es casi feng-shui ese disco, de verdad mejora la vibra de cualquier lugar en donde se escuche. Su principal característica es un eclecticismo inteligente y serio, en donde guiados por la cálida voz de Maria podremos escuchar un bossanova clásico, una celebración como en batucada que de repente se convierte en Dead Can Dance (Enrique dixit), piezas en una especie de post-alternativo tipo Mazzy Star o incluso Calexico, algunas baladas épicas al pleno estilo de Elis, reconstrucciones posmodernas de boleros como "Dos gardenias" (algo muy popular entre los brasileños, recordemos la maravillosa transformación que hizo Caetano Veloso de "Cucurrucú paloma")...En fin. Vuelvo al silencio por ahora, o mejor dicho, vuelvo a la quietud del trabajo acompañado de los mp3 de Maria Rita. De repente trabajar se vuelve algo muy agradable...

lunes, noviembre 22, 2004

Poesía amorosa más un colofón erótico-humorístico-izquierdista

De Eduardo Langagne y Elías Nandino, poetas mexicanos. Y de Enrique González Rojo, también mexicano.

-- Para Shelley, gracias por anoche.

* * * * *

DEFINICIONES

Ella está hecha a semejanza de las cosas que amo.
Se parece a la noche,
o mejor: a una noche sin ausencias.
Ella es exacta.
Cuando la noche escurre, su cuerpo se humedece.
Me permite trepar por mis temblores
y agitar su nombre desde la oscuridad.
Ella es irrepetible.
Nació en las piedras donde empieza mi desorden.

de Eduardo Langagne

* * * * *


DESCUBRIMIENTO

colón no descubrió a esta mujer
ni se parecen sus ojos a las carabelas
jamás hizo vespucio un mapa de su pelo
nunca un vigía gritó tierra a la vista
-aunque vuelan gaviotas
en las aproximidades
de su cuerpo
y en su continente se amanece cada día-
a esta mujer no la descubrió colón
sin embargo estaba en el oeste
era un lugar desconocido
y para encontrarla
hubo que andar mucho tiempo
con una soledad azul en la cabeza

de Eduardo Langagne

* * * * *

"Íntima"

Estás en mí, como latido ardiente,
en mis redes de nervios temblorosos,
en mis vetas de instintos borrascosos,
en los mares de insomnios de mi frente.

Estás fuera de mí, como corriente
de voces imprecisas, de sollozos,
de filos de secretos tenebrosos.
de roces de caricia inexistente.

Me cubres y me encubres, sin dejarme
un espacio de ser sin tu presencia
un átomo sin linfa de tu aliento.

Estás en mí, tocándote al tocarme,
y palpita la llama de tu esencia
hasta en la entraña de mi pensamiento.

de Elías Nandino

* * * * *

"Nocturno amor"

Naciste en mí, a sangre vinculado,
en creciente raíz, cósmico nudo;
de mi selva interior el potro rudo
que anhela libertad enamorado.

Soy mortaja y estoy, amor, tajado
por tu evasión continua que no eludo,
sino que vuelo en ti y en mí me escudo,
para que al volver seas amparado.

Venero de tus ímpetus, me ligo
a tu fuga celeste, a tu caída,
a la expansión total de tu secreto;

pero de noche, cuando estoy contigo,
recobro con tu fuerza sumergida
la sola soledad de estar completo.

de Elías Nandino

* * * * *

"Voz de mí"

No sé como mirar para encontrarte,
horizonte de amor en que me excito,
distancia sin medida donde habito
para matar las ansias de tocarte.

No sé como gritar para llamarte
en medio de mis siglos de infinito
donde nace el silencio de mi grito
movido por la sangre de buscarte.

Mirar sin que te alcance la mirada
sangrar sin la presencia de una herida,
llamarte sin oírme la llamada;

y atado al corazón que no te olvida,
ser un muerto que tiene por morada
un cuerpo que no vive sin tu vida.

de Elías Nandino

* * * * *

"La clase obrera va al paraíso"

(fragmento)

Una vez me enamoré de una trotskista.
Me gustaba estar con ella
porque me hablaba de Marx,
de Engels, de Lenin
y, desde luego, de León Davidovich.
Pero, más que nada,
porque estaba en verdad como quería.
Tenía las piernas más hermosas de todo el
movimiento comunista mexicano.
Su senos me invitaban a
mantener con ellos actitudes fraccionales.
Las caderas, que eran pequeñas, redondas,
trazadas por no sé qué geometría lujuriosa,
lucían ese movimiento binario
que forma cataclismos en las calles populosas.
Un día, cuando me platicaba que:
''Lenin había visto con lucidez
que la época de los dos poderes llegaba a su fin",
yo le tomé la mano;
ella continuó:
''Pero el problema básico
era la concientización de los soviets".
Yo no despegaba los ojos de sus senos.
Un botón de audacia -meditaba-
y me vuelvo un hombre rico.
Y ella proseguía:
''Había que reforzar el papel de la vanguardia".
No me pude contener
y la estreché a mi cuerpo, con la boca de cada poro mío
buscando otros iguales en su carne (...)

de Enrique González Rojo

* * * * *

viernes, noviembre 19, 2004

Aclaración

Mi estimado Federico Reyes no tiene relación de parentesco alguna con Federico Reyes Heroles, escritor mexicano.

O sea, simplemente son homónimos ("se dice de las palabras que siendo iguales en su forma tienen distinta significación", Diccionario Espasa dixit).

Escuchando: Bobby Previte y Bump, 887 Soul, del majestuoso disco "Counterclockwise", o "A contra reloj". Viva Marty Ehrlich, gran descubrimiento saxofonístico.

Sobre Federico Reyes, en su cumpleaños

Conocí a Federico Reyes una tarde en que el frío amenazaba como un demonio oculto del subconsciente. Yo dije "¿Partido Popular?", y él respondió "¡Hostia puta!". Así comenzó nuestra amistad, ligada inexorablemente desde su germen más remoto a la política y a las putas, temas ambos que nos apasionaban. Supongo que esto fue antes del episodio como catador de mariguana en Jamaica, aunque no lo sé de cierto. Rara vez hablábamos de otra cosa que no fuera el futuro o los paraísos artificiales, cosas intangibles, acaso inexistentes como la materia de los sueños. Puedo decir que fuimos correligionarios del hedonismo, de la rebeldía contra la estupidez, y que el exceso de imaginación fue nuestra bandera. Aunque ninguna bandera nos ha puesto de pie, al menos desde la escuela primaria. Compartimos insomnios e historias sobre mujeres. De él aprendí cómo hacer sangría en un bote de basura vacío y cómo hacer que vuele una bolsa de té. Puedo decir que me contagió fuertemente de su amor por las palabras, por este idioma agonizante y muchas veces resurrecto, por el gazpacho y el aceite de oliva. Lo último que supe de él es que cruzó el Atlántico a nado, tal como el joven y asmático Che cruzó aquel río chileno. Acaso las gaviotas y los albatros se apiadaron de él, acaso sucumbió ante las mareas de la desmemoria. No lo sé de cierto, pero prefiero pensar que en este momento combina un poco de leche con su té, se aprieta la nariz entrecerrando los ojos, y sonríe sin motivo alguno. Ese es el Federico que vive en mi memoria.

Escuchando: Clarke/Boland Big Band, Sax no end en vivo, con unos solos bestiales de los grandes Benny Bailey a la trompeta y Sahib Shihab al sax barítono.

viernes, octubre 22, 2004

"Espantapájaros", de Oliverio Girondo

Espantapájaros 1

No sé; me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que
amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso si! - y en esto soy irreductible - no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Está fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa. ¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronostico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! ¡María Luisa!... y a los pocos
segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer a una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.

* * * * *

Espantapájaros 2

Que los ruidos te perforen los dientes, como una lima de dentista, y la memoria se te llene de herrumbre, de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros, una pata de araña;
que sólo puedas alimentarte de barajas usadas y que el sueño te reduzca, como una aplanadora, al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle, hasta los faroles te corran a patadas; que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarteante los tachos de basura y que todos los habitantes de la ciudadte confundan con un madero.
Que cuando quieras decir: "Mi amor", digas: "Pescado frito"; que tus manos intenten estrangularte a cada rato, y que en vez de tirar el cigarrillo, seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones; que al acostarse junto a ti, se metamorfosee en sanguijuela, y que después de parir un cuervo, alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto, para que los espejos, al mirarte, se suiciden de repugnancia; que tu único entretenimiento consista en instalarte en la sala de espera de los dentistas, disfrazado de cocodrilo, y que te enamores, tan locamente, de una caja de hierro, que no puedas dejar, ni por un solo instante, de lamerle la cerradura.

viernes, septiembre 24, 2004

Otro poema de la medianoche

-- Para la mujer que quisiera tener a mi lado (she knows who she is).

Solo dentro de la noche, cerca de ti estoy.
Estoy acostado a tus espaldas, con mis labios en tu cuello,
mi brazo en tu cintura, mi pierna dentro de tus piernas.
Te susurro cosas al oído.
Enumero tus nombres infinitos, describo la belleza que te rodea.
Estoy enamorado del olor de tu cabello.
Y me tranquiliza saber que aunque conozco una parte de ti,
tú, mi mapa del tesoro, seguirás siendo un templo de maravillas.

* * * * *

martes, septiembre 21, 2004

Sobre la frustación

Me gusta escribir siempre que me siento frustrado. Como ahora. La frustración es hermana de la impaciencia, ni quien lo dude. Y pocas cosas pueden llegar a frustrar tanto como una mujer. Especialmente si uno es capaz de verse nítidamente a sí mismo en los ojos de esa mujer. A través de sus ojos. Sus hermosos, amigables, verdes y amarillos, sensuales, deliciosos ojos.

Escuchando: Albert Ayler, "Music is the healing force of the universe", que aunque cause sorpresa es una excelente opción para escuchar a la una de la mañana. ¡Viva don Alberto Ayler!

domingo, agosto 29, 2004

Yo en la playa

sábado, agosto 21, 2004

Poema sobre Robert Dana

Hace algunos días, revisando mis cachivaches, reencontré este texto escrito hace 4 años, mientras estuve en Pella, Iowa. Robert Dana es un excelente poeta estadounidense, y tuve la suerte de asistir a una de sus lecturas de poesía, justamente en la biblioteca de la universidad. El poema fue redactado pocas horas después de haber escuchado al poeta cantando sobre atardeceres en las costas del norte de África y ciertas delicias de la vida cotidiana. La anécdota que narra el poema en realidad sucedió, hace algunos 14 años. Como despedida, ya que no puedo transcribirla ni describirla apropiadamente, adjudico espiritualmente a ustedes la profundidad y belleza de las frases de Miles Davis y John Coltrane que estoy escuchando en este instante. Del Kind of Blue, ciertamente.

"Escuchando a Robert Dana en Pella, 2000"

No creo que le importe que le diga viejo.
El caso es que el viejo poeta nos ha dado una lección.
Yo estaba sentado en la biblioteca, admirando el movimiento
de sus palabras que eran serpientes que ardían
bajo la luna fría del otoño como la memoria,
como la serpiente que encontramos muerta frente a mi casa
una
tarde
lluviosa,
hace una vida parece, hace sólo diez años.
Formamos un círculo alrededor del pequeño cadáver y nos reímos del miedo que teníamos de acercarnos.
Nadie pensó en enterrarla.
Cerramos los ojos
y en silencio imaginamos que la lluvia caería en la noche,
lavaría las aceras de las casas y golpearía nuestras ventanas,
y un n.i.ñ.o.s.o.n.á.m.b.u.l.o se levantaría de la cama y saldría a venerar sin llanto la llegada del invierno.

* * * * *

lunes, agosto 09, 2004

Jueves de jazz

Escuchando: Héctor Lavoe y Willie Colón, "Todo tiene su final"

Sirvan estas palabras para pregonar a los cuatro vientos que nuevamente hay jazz en Mérida. Jazz nocturno, jazz versado —notas apasionadas y llenas de soltura. Formalmente jazz, ya que como afirmaba Jelly Roll Morton, para estos propósitos “no importa qué se toca sino cómo se toca”. El recinto es el Taller de Arte Contemporáneo del guitarrista y bajista Alberto Palomo (calle 27 no. 213-C por 26 y 28, col. García Ginerés), la cita los jueves a partir de las 9 de la noche. El propietario del presente par de oídos ha tenido la fortuna de asistir por lo menos tres veces, atestiguando el jubiloso desarrollo del trío integrado por Juan Palacios al piano eléctrico, Alberto Palomo al bajo y contrabajo eléctrico y Virgilio Zaldívar a la batería. Rindo testimonio ante ustedes: Palacios suele ejecutar unos solos llenos de vigor rítmico y un saludable olfato melódico, Virgilio logra imponer el sonido africanizado de sus tambores y de Palomo ya no sabemos si preferimos oírlo al bajo o a la guitarra, tan placentero es su desempeño en ambos instrumentos. De igual forma, bienaventurados han sido los palomazos de excelentes músicos como el excelente guitarrista de bebop Gilberto Pinzón, el fino baterista Paco Godoy y el saxofonista cubano Humberto Casanova, entre varios otros. Les invito entonces a disfrutar cada jueves de una enérgica velada entre síncopes y sincopados, café expreso y el sano aroma de la juventud. Doy fe.

P.D. Como posterior testimonio, me permito transcribir un poema escrito por un servidor el jueves de la semana pasada, durante un intermedio del trío de Palomo.

Vibro al compás,
sueño sincopado.
¡Soy de viento!

* * * * *

lunes, julio 26, 2004

Poesía de (casi) la medianoche

Interrumpo mi acostumbrada sesión de soulseek para soltar al aire ciertos textos, escritos recientemente, que parecen apropiados para esta "noche de inquietud", como la descrita magníficamente por Deniz en Picos Pardos.

Escuchando: Lester Young con John Lewis: Three little words; Chico Freeman: Answer me my love, Angel eyes.

* * * * *

Es más de la medianoche y sigo vivo.
Sigo despierto, vertical, en movimiento. Tengo los ojos abiertos.
Escucho las voces del pasado, los cánticos del viento y del olvido.
Me integro. Estoy de vuelta.

Mi cuerpo suena como un conjunto de voces, un ensamble de pequeños yo.
Soy el que ha sido desde antes. Somos uno mismo. Lo que significa que somos dos, o tres, o más.

Cierro los ojos. Me reintegro.
Me declaro hermano de todos los hombres que he sido.
Me declaro hermano de mis hijos. Me declaro muchos.
Me ofrezco mí mismo a mí.
Y sigo siendo otro.

* * * * *

"Temporada de vuelo"

"Everybody knows that our cities were built to be destroyed..."
Caetano Veloso

Por favor Dios, mándame una carta
Mándame un sello como una serpiente
Los embates traicionados de la hondura
El aire de vidrio que respiro
Esas dos o tres fotografías
(En que apareces entera...)

* * * * *

Vendrán ahora mis palabras como un muro de concreto.
Ignoro su significado. Desconozco la relación entre sus signos.
Aún no comprendo como puede uno viajar a través de ellas, montado en ellas, incrustado en ellas.
Sé que vienen del silencio. Y que al silencio se dirigen.
Ellas también lo saben, y bailan.
¿Estoy yo detrás de ellas?

* * * * *

¿Qué pasaría si no existiera la palabra "yo"? ¿Con qué otra forma denominaríamos e identificaríamos los límites que nos definen y separan del resto de los seres? ¿Con una sensación corporal, acaso? ¿Tendría el propio cuerpo alguna forma de decir: "aquí empiezo, y aquí termino"? ¿Seguiría sabiendo que el conjunto de órganos que lo integran pertenece a un sólo ser? ¿Quién sería ese ser?

* * * * *